Regreso A Casa

¿Has escuchado el sonido de tu Corazón? Seguramente que sí, pero nos hemos acostumbrado tanto a él, que hemos olvidado su verdadero significado. Es el sonido de la vida misma, es el sonido del Universo, es el sonido del Creador Universal, de aquel por quien vivimos, es el sonido de tu Corazón.

Hubo un tiempo en que el hombre era consciente del latir de su Corazón, podía escuchar el palpitar del Sol, el palpitar de aquel que sostiene la vida, de Dios, podía escuchar la voz del Padre. Y podía también escuchar el palpitar de la Madre Tierra, de aquella quien gesta la vida dentro de su vientre con amor y paciencia, con dulzura, felicidad y entrega desmedidas, como solo una Madre lo puede hacer, aquella de donde provenimos y a donde habremos de regresar algún día y ese día ha llegado.

Con el paso del tiempo y como parte de su evolución, el hombre dejó de escuchar el latido del Universo, del Sol, de la Tierra y el latido de su propio Corazón, y lo sustituyó por un latido mecánico, estéril, monótono y frío. Y sucedió entonces que el hombre tomó la herencia que el Padre le había dado y se alejó del hogar. Se olvidó del Sol, del Padre que le dió la vida; se olvidó de la Tierra, de la Madre que lo gestó y lo vió nacer, y se olvidó de todos sus hermanos, de la flora, de la fauna, de los ríos y océanos, de las hermosas praderas e imponentes montañas, de las flores y el sonido de las aves, del viento limpio y transparente que soplando sobre su rostro le indicaba siempre el camino a seguir.

Fue así que el hombre acabó con toda la herencia que el Padre le había dado, y trabajó en aquello que no le gustaba para poder sobrevivir. Experimentó el sometimiento, el hambre y la sed, las humillaciones, las enfermedades, la guerra y la separación de sus seres queridos, para comprender y sentir el Gran Amor de aquellos que le habían dado la vida, y entonces, y solo entonces, emprender el camino de regreso al Hogar, el camino de regreso al Corazón, donde se encuentra el Padre/Madre, quienes todo el tiempo lo esperaron con los brazos abiertos para vestirlo y calzarlo de acuerdo con su linaje de Rey, y alimentarlo y agasajarlo por su regreso como cuando era un niño, sin juicios ni reprimendas, sin preguntas ni cuentas que entregar sobre la herencia despilfarrada.

Tal era el camino que el hijo debería recorrer para llevar consigo, dentro de su corazón y a las próximas generaciones, la experiencia y las vivencias de un mundo sin sentido, de un mundo sin Amor, de un mundo oscuro y frío, habitado por seres insensibles al dolor ajeno, por seres inconscientes de su origen, muertos en vida, y a quienes él mismo tendría que regresar a resucitar a la vida desde su propia Consciencia que había nacido de su Corazón Abierto.

¡Hoy es el momento! El hijo pródigo ha regresado a casa, ha muerto a sí mismo y resucitado a la Vida Eterna, la Consciencia Cósmica, la Consciencia Crística.






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