La Vida: Un Escenario Temporal

De todas las cosas que están sucediendo en el mundo hoy en día, el fenómeno más emocionante es que miles de individuos están recordando quiénes son. Somos seres divinos que elegimos tener la experiencia de ser humanos sin memoria de las raíces divinas.

El estado natural de ser de lo divino es el gozo, y como seres divinos tenemos la capacidad de manejar la energía. Manejamos la energía de una manera que se manifieste en un cuerpo que podemos habitar para tener la experiencia de actuar, descubrir, y experimentar la vida; y dentro de este cuerpo creamos una mente para tener algo que nos apoye en esa experiencia. Dado que optamos por no recordar quienes somos, también elegimos cerrarnos a nuestro estado natural de gozo y, en su lugar, básicamente, decidimos jugar un juego en el que en lugar de experimentar un constante gozo natural, afilamos a la mente para que fabrique una amplia gama de emociones, desde los máximos extremos a los mínimos extremos, que dan como resultado la creación del drama. Esto no sólo nos da una sensación de estar vivos, sino que nos da un propósito porque el drama proporciona una sensación ilusoria de que hay problemas, lo que luego nos da incentivo para resolver estos problemas, y esta dinámica ha sido el medio que hemos utilizado para evolucionar como especie. Así es como la vida se ha expandido en el mundo de la dualidad.

Sin embargo, ya que estamos viviendo sin sentir nuestro estado natural de gozo y, por lo tanto, sin saber que somos creadores, también le dimos a la mente el control total para hacer lo que tenía que hacer para guiar nuestras vidas. Por lo tanto, sin la conciencia de cómo hacernos cargo de nuestra vida, nos cuesta mucho enfrentar algunas de las emociones que nuestra mente fabrica. Mientras hemos estado evolucionando a través de la experiencia del día a día, de la resolución de problemas como consecuencia del drama, también hemos ido acumulando una enorme cantidad de aspectos emocionales y nos hemos identificado con ellos y, por lo tanto, nos hemos alejado de cualquier conciencia de quienes somos realmente, tanto es así que a pesar de que hemos creado un mundo increíble de avance tecnológico y científico, todavía estamos en la Edad Media cuando se trata de comprender las complejidades de nuestra estructura emocional.

La solución radica en saber quiénes somos, y lo bueno, es que con el potencial que tenemos en este momento para recordarlo, también tenemos el potencial para ponerle fin al drama dentro de nosotros mismos y volver a nuestro estado natural de gozo. Esto puede suceder pasando por el proceso de recordar quien realmente somos, lo que incluye traer a casa poco a poco todos nuestros aspectos emocionales. Parte de este proceso también implica recuperar el control de nuestras vidas, aprendiendo a sentir en nuestro espacio del corazón, donde habita lo divino, y escucharlo en vez de dejarnos guidar por la mente que nunca sabe lo que es mejor para nosotros. A medida que pasamos por este proceso, comprender lo que está pasando puede ser extremadamente útil. Nuestra personalidad y la forma en que percibimos la vida contribuyen con el tipo de elecciones que hacemos, pero no es un reflejo de quienes somos en realidad, es un reflejo del punto de vista del papel particular que hemos elegido representar. Al comprender esto, te das cuenta de que eres el actor, y que lo que estás eligiendo cada día es sólo un papel que estás representando, pero no eres este papel, eres el actor. Y, sin embargo, debido a que te has identificado tan fuertemente, quedas atrapado en la creencia de que eres el personaje que estás representando. Desde el principio elegimos papeles pero luego, cuando la vida cambia y pasamos a otras experiencias, tendemos a seguir desempeñando el mismo viejo papel, a pesar de que ya no nos sirve en absoluto.

La falta de conciencia y la comprensión en cuanto a quién somos en realidad, y para el caso quienes no somos, es lo que nos ha hecho jugar los juegos de la mente durante tantas vidas. Como humanos, creemos que somos lo que nuestra mente nos dice que somos, y nos dejamos manipular poniendo nuestro enfoque en eso, quedando atrapados en todo tipo de causas motivadas por los problemas que son ilusorios, y así es que, cómo creadores divinos, hemos manipulado la energía para que nos sirva en este mundo de la dualidad.

Identificarnos con quien realmente somos es el primer paso para permitir que lo divino se fusione con lo humano, que es el más grandioso potencial de todos los potenciales que está disponible para nosotros en este momento. Si decides comenzar a identificarte con lo divino como el actor, en lugar de con tu mente como el papel, lo más probable es que tendrás un encuentro con tu alma, que te permitirá volver a experimentar o recordar tu estado natural de ser.




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