La Puerta Estrecha: De La Conciencia Del Ego A La Conciencia Del Corazón

El pasaje del ego al Corazón corresponde a un momento preciso en la historia humana. Ese momento puede llevar muchos nombres, según la vivencia de cada uno, según las culturas y las tradiciones de las que procede el alma que lo vive. El ego es una consciencia de tipo fragmentario, en la que uno se apropia, de alguna forma, de lo que vive en todos los sentidos. La recepción de la Luz se ofrece a cada uno en la humanidad. Recibir la Luz no es todo. Recibir la Luz no es una finalidad en sí, sino que es, de alguna manera, un impulso que debe permitir superar y transcender los límites de la consciencia fragmentaria del ego, permitiendo establecerse en la consciencia del Corazón.

En el ego existen algunos obstáculos que se presentan en la vida ordinaria de todo humano que busca, con sinceridad, la Luz. Su apropiación existe en todos los niveles, en los chakras inferiores, y en todos los niveles de esta vida; el ego no puede definirse más que en relación a la noción de un movimiento que va del exterior al interior. Así es como los procesos de educación o un conocimiento aportado desde el exterior va a hacerse suyo. Así es para la mayoría de las relaciones humanas, basadas sobre lo afectivo que se apropian de algo que estaba concebido o vivido como exterior a sí.

La conciencia del ego es una conciencia aisladora y cerrada, en que todos los referentes y el campo de experiencia están basados, justamente, en esta separación y disociación existente entre uno mismo y todo el resto. La conciencia del ego es, pues, una conciencia que distancia y separa, que hace analizar y referenciar todo lo que llega a la conciencia, sea interior o exterior. De igual forma, la conciencia del ego clasifica los elementos de la vida tomando un criterio muy preciso, que es el criterio de lo que es bueno y de lo que es malo. El bien de sí mismo se busca, siempre, ante el bien del otro.

La conciencia del ego está basada sobre un proceso de individualización y de individuación que es contrario a la Consciencia del Corazón. En la humanidad, el ego es, en efecto, el nivel de conciencia vibratoria más corriente. La diferencia mayor con la consciencia del Corazón es que ésta es una consciencia que roza los límites del encierro del ego, donde el mismo desaparece para dar lugar a ciertas características, no decididas por la mente o por el ego, llamadas el Amor en sentido Vibral. Esto se traduce entonces por una desaparición de todos los límites y de todas las restricciones existentes en la propia percepción de la consciencia.

Los mecanismos de funcionamiento del ego están específicamente adaptados a este mundo de carbono y a las leyes que predominan, la consciencia del Corazón pertenece al dominio del Espíritu. La Puerta Estrecha es la ilustración perfecta del pasaje del ego al Corazón, que sucede cuando hay emergencia en el Interior de la conciencia ordinaria, llamada Cuerpo Crístico. Es en ese momento, y solamente en ese momento, cuando el fuego del ego va a ser reemplazado por el Fuego del Corazón que es en, sí mismo, entrega y restitución. Ese pasaje es un verdadero Sacrificio, cuyo lugar está en las esferas del Espíritu.

La Luz ha descendido a este mundo bajo diferentes olas. La primera tuvo lugar hace muchísimo tiempo, hace ahora casi una generación. Ésta se ha reforzado, se ha acentuado por un proceso llamado Bodas Celestiales, que encuentra hoy su conclusión y cumplimiento en el retorno que llaman la Luz Metatrónica. El despliegue de la luz vibral es su conclusión. Ese despliegue no puede hacerse más que si el ego es totalmente sacrificado, más que en la desnudez de la consciencia pura, liberada de todo obstáculo, de todo lazo, de toda atadura o condicionamientos.

El ser humano ha descubierto un principio llamado “libre albedrío”. Este principio es una elección particular de la consciencia que puede, en cada instante, decidir por sí mismo un programa de vida. El programa de vida del ego no es el mismo que el del Corazón. El programa de vida del ego será siempre un modo de apropiación, un modo de apartamiento, un modo separativo, que los hace razonar y analizar cualquier cosa, siempre en relación a sus creencias. La Consciencia de la Unidad no puede hacerse más que si hay una renuncia voluntaria y consciente, de manera elaborada pacientemente, comprendida y superada de todo aquello que justamente es un freno al acceso a la Luz.

El ego solo funciona por resonancia sombra-luz: la sombra considerada como algo nefasto, la luz considerada como algo dichoso. Ese juego de la sombra y de la luz en el seno de la conciencia del ego, no es la luz tal como existe en el seno de la consciencia del Corazón. La primera parte y el primer juego del ego es apropiarse de la luz vibral que aparece en la corona radiante de la cabeza, para intentar hacerla funcionar según los principios de la Dualidad, lo que es estrictamente imposible, porque la consciencia de la luz vibral no tiene nada que ver con la sombra, por ser en sí misma la totalidad de la luz.

La ley del libre albedrío ha sido alterada. Esta ley, que funciona en todas las relaciones humanas, no existe simplemente en el seno de la luz vibral. Hay una imposibilidad total de transferir las leyes de la materia al seno de las leyes del Espíritu. La ley del Espíritu, en lo que a ella respecta a la Consciencia Unitaria, está absolutamente vinculada a la Ley de la Gracia. La acción de Gracia confiere la paz. Confiere la alegría, lo que no es en absoluto el caso de la conciencia egótica, separada y distanciada. La conciencia egótica se manifiesta permanentemente sobre el principio de una necesidad de llenar algo. El ego hace de cada uno, una persona identificada a un nombre, a una edad, a un sexo, a una función. La consciencia del Corazón no está limitada a esto, sino que descubre aspectos totalmente ilimitados e inéditos donde no existe ninguna necesidad, ningún deseo, más que el de Ser.

Obviamente, el impacto de la Luz en estos momentos, está totalmente destinado a hacer tomar conciencia en su totalidad de estas leyes. Estar a nivel de la consciencia del Corazón, o de la conciencia del ego, haber efectuado el pasaje de la Puerta Estrecha o no, todo esto va a aparecer cada vez más claramente. Cada uno comprenderá dónde está su estado evolutivo de consciencia y de transformación de consciencia, en relación a los propios deseos, a sus propias proyecciones exteriores, a la propia suficiencia o insuficiencia de Espíritu. La insuficiencia de Espíritu se traducirá siempre por una tristeza, por una necesidad de compensar exteriormente un vacío interior. Mientras que la Consciencia Unida a su propio corazón ilimitado, no tiene ya necesidad de ninguna compleción exterior.

Es a esto a lo que están llamados de ahora en adelante, a tomar Consciencia. Lo que hasta el presente parecía impensable, inimaginable o incluso irrealizable, aparecerá cada vez más claramente. De un lado la conciencia del ego con sus limitaciones, sus deseos, sus frenos, sus apetencias y sus rechazos. Del otro, la consciencia del Corazón, con su unidad, su fluidez, su ley de Gracia, reemplazando totalmente todo lo que estaba inscrito en el Cuerpo de Deseo. Esto les permitirá establecerse de manera definitiva en la Vibración del Fuego del Corazón, en la Fusión de los tres Fuegos, y en lo que se llama el Fuego de la Tierra. Lo que permite, por el despertar del Fuego de la Kundalini, fusionar los tres Fuegos y ser reunificados totalmente en cuerpo, alma y Espíritu.

A esto están invitados, a esto es a lo que se van a someter, no por un trabajo de la conciencia fragmentada, sino más bien por un despliegue de la Luz en sus propias estructuras. La iluminación de la Luz va a hacerse tal, que nadie podrá hacer trampas con Cristo. Nadie podrá hacer trampas consigo mismo. Nadie podrá decir que está en la Unidad si no lo está, porque esto va a hacerse cada vez más evidente. Ahora, es necesario también comprender, haciendo relación con una de las frases pronunciadas por el Cristo, que “los primeros serán los últimos”. Lo que quiere decir con esto es que, de alguna forma, han obrado para el conjunto de la humanidad, en el sentido de Servicio real, que es radiación y Amor, más allá de cualquier limitación del ego. Ahora, es necesario pasar por esa Puerta para develarnos a nosotros mismos, íntegramente. Sin vivir el abandono a la Luz, la entrega de uno mismo al Yo, no podrán realizar el principio de la alegría, de la Unidad, del Samadhi y del establecimiento de la consciencia en el seno de lo ilimitado.






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