Escuchar, observar y callar es la base de la humildad y de la apertura de corazón hacia nuestra evolución en comunión con los que Dios puso en nuestro camino para aprender a amar y a servir, para aprender de los errores y aciertos ajenos. Escuchar las opiniones de los demás puede aportarnos un amplio abanico de nuevas posibilidades en momentos difíciles para nosotros. Eso no significa, aceptarlas literalmente o modificar nada como consecuencia de ellas.

Sin embargo, escuchar a los demás puede ser también escuchar la vos de Dios manifestándose a través de los demás. La decisión final siempre estará en nosotros y si una opinión ajena te manipula es debido a tu inmadurez, tu incomprensión o tu falta de amor propio. No aceptar la opinión de otros es un signo de necedad y de inseguridad personal.

Dios actúa a través de todas las cosas y seres, por lo tanto recibir con amor la opinión de los demás para tomar lo que nos enriquece y descartar lo que no nos ayuda, agradecer al que opina y seguir aprendiendo. Para que esto suceda necesitamos humildad

-Cuando realizamos algo por los demás, compartiendo y aprendiendo de eso que hacemos, evolucionamos.

Cambiar la visión lineal por la universal, ver más allá de nuestros ojos físicos, sentir con el corazón, oír con la mente y no con los oídos.

Decir con los actos más que con la palabra. El amor sin sabiduría puede ser destructivo. La mejor manera de superar el dolor propio, es curando las heridas de los demás.

Todos somos necesarios e importantes para Dios, nadie es más que el otro y Dios es único, llamándolo como sea. Cristo vive en los corazones de todos, hasta de los que están dormidos.

Los seres de que tienen un estado de conciencia elevado nos asisten en todo momento para ampliar en nuestro servicio. Pero escuchar y seguir estos seres requiere de obediencia y fe, ya que el primer paso del camino espiritual se da desde la oscuridad.

Los niveles supra físicos de la existencia solo se alcanzan desapegándose de lo físico y la verdadera iniciación no solo tiene que ver con la elevación del grado evolutivo del individuo, sino con el comienzo de un nuevo camino.

Debemos dejarnos penetrar por nuestro legado espiritual, es decir, dejarse guiar por nuestro Cristo interior. Teniendo fe en que Dios nos protege y guía podemos dar pasos en la evolución.

El primer paso se da en la oscuridad guiada por las instrucciones de los maestros y Dios, que son quienes conocen nuestros temores. Debemos trabajar en el desapego a lo material y lo importante no está en lo que nos sucede con lo material sino como nos afecta eso que nos sucede.

Aprender a utilizar la energía que nos da el Padre y tener conciencia que siempre nos está asistiendo.

Ordenarse, organizarse, entregar lo mejor y más necesario para los demás.

No guiarnos por los sentidos, alinearnos con la voluntad divina y así el universo conspira para que esa voluntad se manifieste.

Debemos ayudar a los demás a trascender y no caer en su vibración.

Ordenando los asuntos terrenales, saldando deudas, ya que la mejor manera de saldar nuestros dolores ayudando las heridas de otros.

Estar dispuestos para estar disponibles, atrayendo la energía necesaria para elevarnos por encima de nuestras limitaciones.

Amarse a uno mismo y manifestar la esencia. Cuando hacemos para los demás, compartiendo y aprendiendo de eso que hacemos, evolucionamos. Cambiar la visión lineal por la universal, ver mas allá de nuestros ojos físicos, sentir con el corazón, oír con la mente y no con los oídos, decir con los actos mas que con la palabra.

El amor sin sabiduría puede ser destructivo. La mejor manera de superar el dolor es curando las heridas de otros. La diferencia de una vida sin reglas y una vida consagrada el compromiso que llega desde la humildad.

Aquel que salta hacia lo desconocido es la persona que posee la fe de que nada le sucederá.

Los problemas que cada uno tiene vienen de los apegos materiales, situaciones que no pueden ser resueltas. Todo lo que sucede prepara al individuo para las cosas que están por suceder.

Aquel que enciende la luz es el primero en iluminarse.

El aplicar lo aprendido perseverantemente y a través de la práctica lograr objetivos, esto fortalece el auto confianza para encarar mayores retos.

Solo a través del conocimiento de la esencia divina interior propia, el individuo puede comprender la igualdad divina entre todos los seres, desapegarse de la apariencia de la separatividad.

Transcurrir trascender actuar y servir junto a los demás. Quien enciende la luz su luz interior, puede iluminar a otros. Vida sin regla vida sin compromiso.

Vida consagrada, vida con compromiso – entrega – responsabilidad – disposición – humildad – desapego.

Amar a quienes conviven con nosotros, aprender a perdonar y olvidar.






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