-Compartiendo perlas de sabiduría -1ra parte-

La empatía es un sentimiento necesario para alcanzar la unión, la fraternidad y la verdadera hermandad dentro de un grupo. Este se basa en conocer verdaderamente al que tenemos al lado y saber qué es lo que necesita para encontrarse bien. Aunque no vemos la energía que emitimos con nuestros pensamientos, ella esta presente y se puede llegar a influenciar a un tercero, tanto de buena como de mala manera. También hay que tener en cuenta de que si una persona se encuentra mal, influencia a los demás y si alguno de ellos se encuentra mal se potencian mutuamente, sin poder ninguno de los dos ayudar al otro.

Cada persona ve en los demás lo que no se atreve a reconocer en uno mismo, es decir que los demás, son un reflejo de nosotros mismos. Al reconocerse uno en el otro puede ser empático y comprender lo que el otro piensa, lo que siente, lo que dice, o como actúa; entender su sufrimiento o pesar, y ayudarlo a trasmutar las situaciones. No debemos ser jueces del mundo, sino servidores. Cada cual habrá de hacer su trabajo para dar un buen ejemplo, ya que no se puede dar lo que uno mismo no posee.

Amen a todas las criaturas visibles e invisibles. La demostración más pura, está en amar lo que no se ve.

No busquen disciplinar solo la carne (cuerpo físico) para liberar el resto, pues es primero purificando los demás vehículos (cuerpo emocional, mente inferior, y etérico) como ésta preciosa vestimenta (cuerpo físico) se desprenderá en mil colores, los cuales formarán otros cuerpos. Ajustar las palabras y ser dignos representantes de la expresión del verbo.

El hecho de alzar la mano para tomar un fruto, es producto del mismo esfuerzo que llevó a merecer tener un brazo.

Algo tiene que cambiar en nosotros como contribución a la elevación global. La vida interior nos da elementos para ver dentro nuestro lo que está fuera y fuera nuestro lo que está adentro.

El contribuir para que el fuego de la espiritualidad se propague debe ser un acto sin pretensiones, ya que ni siquiera somos nosotros quienes encendemos nuestra propia llama.

Muchos prefieren ser conducidos por las ambiciones y pasiones personales, pero debemos seguir la guía interior del cristo para ser las manos de Dios en la tierra.

Nuestro interior nos da lo que necesitamos a nuestro exterior. Los demás son reflejo de nuestro estado interior. No debemos juzgar a los otros y si abrir el corazón. Es necesario contribuir para que el fuego de la espiritualidad se propague. Debe ser un acto sin pretensiones ya que ni siquiera somos nosotros quienes encendemos nuestra propia llama. Los sueños nos llevan a otro plano, existente en nuestra mente o no.

La vida interior nos da elementos para reconocernos en los demás (empatía). Lo que se manifiesta afuera es reflejo de lo interno y lo interno es un reflejo de lo de afuera. Para que todo a nuestro alrededor cambie primero debemos cambiar nosotros mismos. Algo tiene que cambiar en nosotros para contribuir a la elevación. No debemos ser jueces, sino manifestar el amor y el servicio hacia los demás. La duda es contagiosa, pero es responsabilidad de cada uno si esa duda se aloja en nuestra mente.

Somos servidores, y como tales debemos obedecer y dejarnos guiar por nuestros maestros y por los seres de luz que nos asisten permanentemente, porque somos las manos de Dios en el planeta. Las demás personas son el reflejo de nuestro interior y debemos aprender a reconocer tanto nuestros defectos como nuestras virtudes. Nuestros pensamientos, así como nuestras palabras, tienen un gran poder y es por esto que debemos ser prudentes y conscientes de ellos. Ser conscientes que todo el tiempo intercambiamos energía con el resto de la creación, influenciando o siendo influenciados por dicha energía. Esta es la razón por la que debemos estar alineados todo el tiempo.

La vida espiritual nos prepara para poder ver dentro de nosotros aquello que está fuera, es decir, reconocernos en los demás. La empatía, el ponerse en el lugar del otro, da a lugar a la fraternidad, a la hermandad y a vivir en la común unión. Pero para experimentar la verdadera hermandad, es necesario dejar de lado toda energía de competencia, de comparación, los celos y la envidia; y comenzar a pensar más crísticamente poniendo las necesidades de nuestros hermanos ante todo.

La fortaleza necesaria para cumplir con la voluntad divina la encontramos en Dios, pensado en el como un Padre, que lo único que desea para nosotros es nuestro bienestar. La gratitud es una postura necesaria para llegar a la humildad, que se necesita para ser obedientes y no colocar primero al ego, también hay que tomar todo lo que se nos presenta como una bendición, tanto lo bueno como lo malo, ya que todo tiene un aprendizaje.

Cada día es una oportunidad, una oportunidad de crecimiento y para el servicio hacia el todo. En todo momento cada uno debe tratar de orientar su mirada hacia el hermano que necesita ayuda, que necesita apoyo, con una palabra, un gesto, una caricia, o una acción. El desarrollo espiritual se lleva a cabo únicamente con el trabajo interior que realiza cada ser.

Pensar en los demás antes que en uno mismo, es el puente que cada uno hace con Dios.

-quien abrirá el real tiempo del espacio? Jesús. Para cerrar un ciclo y abrir otro. Viene a reunir a todos en la tierra y ayudar a evolucionar. Los seres iguales se atraen, los opuestos se rechazan. Las cosas pasan en determinado lugar porque tienen karma que quemar.

Dejarse guiar, estar atentos y despiertos. Jesús es quien viene a abrir el portal para ascender al real tiempo del espacio. El viene a separar el trigo de la cizaña. Viene a unirnos, para que el planeta y la humanidad puedan dar los pasos en la evolución. Debemos valorar el lugar en el que estamos, valorar el tiempo que nos dedican y la enseñanza que recibimos. Dedicarnos y entregarnos sinceramente, con amor y humildad.

Un pensamiento genera un sentimiento y un sentimiento genera una acción. Lo que somos internamente es lo que manifestamos en nuestras acciones. Debemos estar alineados con nuestros vehículos, para poder escuchar las advertencias que nuestro Cristo interior nos da. Por eso es importante estar atentos y cerrar el aura para que ninguna energía mal calificada pueda filtrarse en nuestra aura.

En el camino espiritual, la guía interna tiene que ser la que nos conduzca en nuestro andar. Si no nos dejamos guiar por los maestros o por nuestro ser, es muy probable que con el tiempo perdamos el camino ya que la verdad es una sola. Dios nos ha dado a cada uno lo que merecemos por derecho de conciencia. Tenemos que valorar todo eso, porque es una forma de manifestación del amor que el Padre tiene por nosotros; y al despreciarlo, estamos despreciándolo a él. Confiemos en que todo lo que se nos dio y todo lo que está sucediendo en nuestras vidas, es la mejor opción que tenemos, y solo Dios sabe el porqué de los hechos.






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