-Una cosa es observar algo y compartirlo con alguien, como un colaborador. Esto puede ser necesario tanto para el colaborador como para nosotros. Otra cosa es esta tendencia que la personalidad puede adquirir o puede desarrollar en este trayecto de estar conduciendo a los demás, enseñando a los otros. Esta es una tendencia que emerge cuando estamos más o menos seguros de lo que está sucediendo. Queremos guiar a los demás, pero no podemos conducir a otro porque tal vez aquella persona no va al mismo lugar. Podemos conducir a otros por un camino que conocemos pero no sabemos si los detalles del camino del otro son iguales a los que vivimos nosotros.

Conducir a otro es la última cosa que debemos hacer, a menos que tengamos muchas señales o manifestaciones y no haya ninguna duda.

Si recibimos una señal para conducir a otro durante un trayecto, nos daremos cuenta inmediatamente, porque si es correspondido, el otro se sentirá totalmente cómodo dejándose guiar. Si de parte del otro no hay una disposición incondicional para ser conducido lo verán. Si en un trabajo como este nos tocara conducir a otro, tendrá que haber de parte de él una correspondencia total, apertura total.

No podemos engañarnos y aunque el otro ser este abierto para ser conducido, hay que pedir luz para verificar una vez más si no es una tendencia nuestra de conducir a los otros o si realmente es una tarea que le corresponde cumplir en aquel momento. Estamos ante cosas muy sutiles, muy simples, pero que en general las vamos olvidando y dejando de lado.

-No existe debilidad infinita que no pueda transformarse en fuerza. Por más débiles que seamos, por más inadecuados que podamos parecer para ciertos emprendimientos u osadías, aunque parezca que no podemos servir, esto puede transformarse en una gran fuerza. Es preferible ser humildes, a que considerar que ya estamos listos.

-Debemos siempre saber lo que queremos, porque los desasosiegos, las distracciones, los pensamientos negativos, las interferencias, vienen para desviarnos de este trabajo espiritual que todos estamos realizando para evolucionar sirviendo al planeta.

Necesitamos estar muy atentos a todo para no dispersarnos, y aunque uno se distraiga, es necesario retomar la intención y no dejarse arrastrar. Si vemos que una parte de nosotros esta distraída, debemos advertir esto y seguir alineados y concentrados.

Todo lo que sucede en la vida es una escena, una significación, una dramatización, pero en el fondo tenemos la intención. Estamos acompañando este proceso evolutivo del planeta y la humanidad. No nos debe importar distraernos demasiado, y si nos desviamos enseguida retomemos y nuevamente prestemos atención al proceso, afirmémonos en el.

-En este camino de ejercicios espirituales, tendríamos que saber que todo sucede para bien, aunque se preparen para muchas cosas y después no suceda nada. Si aquello que debió suceder no sucedió, deben estar preparados para no desalentarse.

-Sería bueno también que en este camino las personas no se comparen con los demás porque en este trayecto encontraran otros seres haciendo el mismo trabajo y generalmente estos seres que llegan a un determinado grado se encuentran con otros que hacen lo mismo y se reconocen.

Por lo tanto, cuando vayan a realizar un determinado trabajo interior en un determinado plano van a conocer a sus colaboradores, a los grupos que hacen un trabajo semejante, y deberían estar preparados para no hacer comparaciones.

Quien sea que encontremos haciendo el mismo trabajo será diferente al nuestro, será un ser diferente a nosotros y tendrá una forma de trabajar distinta. No debemos compararnos con nadie y debemos aceptar la forma de trabajar de cada uno, porque es su manera de hacerlo. También debemos percibir que todo lo que sucede es para bien, cualquier cosa que suceda, aunque sea algo que no estaba previsto.

-«Cada día trae un nuevo comienzo, y un nuevo mensaje. No perdamos tiempo, nos espera el encuentro mayor»






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