-Los Maestros ayudan a evolucionar e impulsan a grupos de servicios. En todos los grupos, cada uno de los integrantes del mismo, se ocupan de transformar diferentes energías para el bien común.

Por esto, uno debe apoyarse en la cualidad del otro, ya que los integrantes del grupo se complementan. Los seres de luz trabajan con cada uno de nosotros revirtiendo las energías que generamos y armonizando nuestros días en cada experiencia de vida.

A medida que los servidores van adquiriendo mayor conciencia y expanden su campo áurico, mas seres pueden acercarse a asistirlo, transmitiéndole mensajes y hasta incluso pueden utilizar el vehículo físico para canalizar mensajes superiores. Pero esto no quiere decir que esa persona sea una encarnación de ese ser que ocupó su vehículo

A los seres humanos en camino a la evolución les llegan impulsos que reciben en un estado de alineación.

Hay que escuchar nuestro Cristo y no perder el foco, estar siempre alerta, alerta. Un descuido podemos perder la maestría y hay que dejarse guiar por nuestro guía y nuestro Cristo para así llegar a cumplir con nuestra misión.

Lo principal para lograr esta conexión es controlar el vehículo emocional, ya que una vez controlado se puede transmutar el vehículo mental inferior, dándole lugar al Cristo o yo interno. El vehículo etérico es quien ayuda a transmutar toda energía mal calificada y su vitalidad depende de la sintonía con el yo interior.

El manejo de las emociones muchas veces nos ayudan a cambiar antiguos modelos de pensamiento.

Tenemos que aprender de los errores de nuestros hermanos para no cometerlos y comunicarnos más.

-Aunque el hombre no pueda escuchar físicamente, ni en muchas ocasiones percibir lo que Dios nos dice, de alguna manera nos hará llegar lo que él necesita decirnos, para que de a poco, el hombre recuerde su esencia.

Dios nos da todo lo que necesitamos para evolucionar.

A medida que cada uno va despertando en conciencia, va adquiriendo dones que solo serán utilizados para el bien del otro, de lo contrario, si uno utiliza esos dones para un beneficio propio, la deuda karmica deberá ser pagada; esa cuenta pendiente del mal uso de la energía deberá ser saldada en algún momento.

Las personas sufren porque no quieren asumir su papel, ni lo que son. Todo lo que sucede es para aprender. La mente muchas veces nos engaña y juega malas pasadas; confunde y no deja ver con claridad. Nuestra función no es comprender los motivos o el porqué de las cosas, sino servir en todo momento y en cualquier lugar.

Dios siempre envió profetas en el momento que mas necesitaba la humanidad.

Muchos profetas habían anunciado la llegada del mesías, del salvador, preparando al pueblo para su llegada. Pero en el momento en que jesús vino a esta tierra, solo fue reconocido por los humildes, los sencillos y no por aquellos que poseían las profecías y los conocimientos, que se basaban en lo material y en esperar al rey de reyes que elevaría su trono en esta tierra.

Una vez llegado el mesías, muchos escucharon sus palabras pero fueron pocos realmente quienes lo comprendieron. El Cristo no vino a aprender a la tierra, sino a enseñarnos la verdad de Dios que no era conocida por ningún sabio, profeta o predicador en esa época.

Lo que es tuyo por derecho de conciencia no te será quitado. Por ley de correspondencia.

Compartir lo que sabemos es una toma de compromiso para manifestar eso que compartimos con los demás, en nuestros actos cotidianos y pasar, de esa manera, del conocimiento a la sabiduría.

-El hombre no puede elegir sus victorias. Solo puede elegir de qué lado estará cuando venga el llamado del destino, esperan de tener el suficiente valor y la suficiente fe para responder ese llamado.






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