-Para que el Ser Superior de un individuo pueda ejercer la guía en los niveles inferiores de existencias, estos deben dar paso a la guía superior por libre albedrio.

Se deben establecer prioridades y una coherencia entre el conocimiento de la ley y las acciones que llevamos adelante en la vida.

El hombre debe tomar conciencia de que todo lo que siente y piensa, afecta a su entorno.

– Nuestras actitudes muestran nuestra lista de prioridades, si entregamos nuestra vida a Dios o a nuestras cosas. La obediencia es el primer paso para poder avanzar con las enseñanzas superiores. Ser simple en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones y de esta manera podremos fluir con nuestra esencia divina.

– Tenemos que dejarnos guiar por nuestro Ser. Para ello tenemos que callar el ego (la duda, los celos, la mentalidad dual). También requiere una sumisión por nuestra parte y es necesario tener humildad para dejarnos fluir por la simplicidad de la esencia divina. Tenemos que establecer prioridades para que se establezca un orden. Los obstáculos aparecen, cuando la duda y la falta de fe comienzan a surgir. Para ello debemos parar de un ritmo que domina la mente, pero parar implica reflexionar, y reflexionar te obliga a mirarte a vos mismo.

– La conciencia permite que el ser maneje el resto de nuestros vehículos. Regular la energia, tener humildad y estar sereno para no tener ira y no tener enojo. La diferencia de la ira es cegarse y perder el control, y el enojo es apariencia.

– En la experiencia espiritual debemos aprender a cumplir con los objetivos, hacerse responsable de lo que le corresponde, en unión con los compañeros e integrantes de un grupo, o hermanos para que todo funcione de manera armoniosa y pareja.

Lo que uno no hace perjudica al resto, ya que cargamos nuestras responsabilidades a que otros que si están atentos y dispuestos a cumplir con la tarea. Priorizar las cosas de Dios, no las de la Tierra.

– Dejarnos guiar por nuestro Cristo Interior para poder fluir con la energía del universo. La importancia del desapego para poder ver en todo acontecimiento una enseñanza. El amigarnos con nuestro ego para que sea quien nos ayude a organizar nuestra energía.






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