– Todo ser de luz aspira a que la ley de correspondencia se cumpla. Como es arriba es abajo.

Parar, frenar la rutina obliga a pensar y reflexionar en como llevamos nuestras vidas. ¿Dónde está mi centro de atención? ¿Cuáles son nuestras prioridades? Dejarnos guiar por nuestra presencia requiere sumisión. No son muchos los que aceptan restringir la comodidad humana en algo que no conoce.

– Nuestro destino es dejarnos guiar por nuestro Cristo Interior. El por qué es del ego. Debemos ver las cosas como observadores.

– Cada uno en este planeta vino con una misión y una tarea que es única e irrepetible. Esto es así para que todos podamos complementarnos los unos a los otros, orientándonos al servicio y a la voluntad de Dios.

– Debemos dejarnos conducir por nuestro Ser Superior. Esto nos permitirá tener autocritica, reflexionar sobre nuestros actos para poder rectificarlos y así lograr evolucionar. El individuo avanza cada vez que se desapega de los procesos planetarios y se dejar fluir. Esto también requiere sumisión por parte de nuestro ego y así obedecer. El ser humano muchas veces tiende a buscar en lo externo pero no se da cuenta que dentro suyo esta todo, solo debe aprender a escuchar a su Cristo Interior.

– Cada persona, en su libre albedrío, tiene la opción de dejarse guiar por su ego o su Ser Superior. La monada, conduce a todos los vehículos, y utiliza al vehículo físico como herramienta de manifestación en la 3º dimensión, para entregarse al servicio; guía a la persona a que desate esos lazos materiales que lo unen a este mundo material, dejando fluir la simplicidad que yace dentro de sí mismo. Es fundamental seguir la guía Superior para superar el comodismo y la inercia, así dar paso a la acción sin cuestionamientos, y aceptando las cosas de Dios tal cual son.

– Si nos dejamos guiar en humildad y voluntariamente por amor llegaremos a la comunión con el ser y el ego dejara de comandar nuestras vidas. Para ello tenemos que lograr la paz mental y colocarnos como observadores de todo lo que nos sucede sin abrir juicio sino aceptándolo y así fluir con el universo el cual nos colocara en el lugar que vinimos a ocupar.

– Nuestra esencia (mónada o maestro interior) debe conducir nuestros otros vehículos inferiores.

Debemos ser impersonales y aprender a ver Como observadores para encontrar el núcleo de los conflictos que nos aquejan a nosotros y a nuestros cercanos y así poder resolverlo con claridad, si tomarnos a pecho las situaciones de los demás o diferenciar la persona del error que se comete.

No son muchos los que aceptan restringir la comodidad humana en nombre de algo que no conocen.

-Encontremos nuestra esencia de amor y compartamos todo lo bueno que tenemos para con los demás. Traigamos la paz y el amor a todo lugar que Dios nos dé la oportunidad de estar y de ser. Juntos podemos lograrlo. Todo por amor a Dios.

-Un acercamiento a la esencia de las personas nos transforma para siempre como seres divinos al servicio del creador. Amando en humildad y gratitud y por la unión entre todos los reinos de vida y especialmente por la paz entre los seres humanos.

-Para ingresar efectivamente en el camino de la liberación kármica es importante no prometer cosas a los demás. Las promesas crean débitos kármicos, más o menos pesados, difíciles de resolver, de acuerdo con la comprensión de quien las recibe.

-Quien deja algo pendiente con otros desconoce la ley del karma, por ende no comprende que puede revertirlo. En un grupo unido, inteligente, que conozca estas leyes, no hay promesas mutuas. Las interacciones son conducidas y organizadas a partir de los planos internos de la vida, a fin de cumplir un servicio al planeta y a la humanidad.

-A medida que se aspira a la unión con la fuente única de vida y a no permanecer en el círculo kármico, es posible reorganizar el karma material. Es imprescindible para lograr el cambio, que uno tenga el compromiso y la intención de llevarlo a cabo.

-En la conexión con la fuente única, los propios actos ayudarán a transformar o recomponer el karma del mundo, el karma de la humanidad, el karma de grupos y hasta el de los individuos. Sirviendo a la luz.






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