La Voluntad y El Silencio

Para poder contemplar y tomar contacto con las esferas superiores, debemos mantenernos en silencio físico, mental e interior. Cuando el verbo trabaja junto a la mente, el 90% de las veces el alma no puede escuchar a Dios.

Los núcleos de conciencias organizados, bajo el plano almico, fueron creados por Dios para funcionar como una red de espejos, que reflejan a los planos más densos las imágenes e impulsos captados por los mundos superiores, a través de la contemplación de esa alma. Si esa red de espejos proyectada por el Padre Creador cumpliese su función en plenitud, la vida en la Tierra seria un reflejo de los mundos celestiales. Por lo tanto, la función de nuestra alma seria ser un pequeño espejo que trajera la información de la Divinidad y la manifestara en el planeta. Con esto nos damos cuenta, de lejos que estamos de cumplir con la verdadera función que tiene el alma, no solamente no podemos reflejar esa idea que el creador organizó para nosotros, sino que por el contrario, el reflejo de nuestros cuerpos lo único que trae a la superficie de la Tierra es densidad y oscuridad.

Para que podamos cumplir con el proceso de ser espejos, debemos tener la posibilidad de crear un puente contemplativo y silencioso con imágenes de esferas superiores. De esta manera esa imagen puede plasmarse en nuestro cuerpo almico y así reflejarla hacia la superficie.

Cuando comenzamos a hacer un proyecto de trabajo silente para nuestra vida y organizamos nuestro ritmo diario con horas de silencio, trabajamos dentro de nosotros varias cosas. Al principio nuestra mente comienza a ponerse inquieta, ya que no puede manifestarse a través del verbo, para concretar en el plano físico su creación. Comienza a intentar, de todas las maneras activar en nosotros esa charla permanente, como forma de saciar su necesidad. En ese momento comenzamos a conocer cuál es el alcance de nuestra conciencia, de nuestra voluntad, la fuerza que tiene nuestra mente para hacernos errar una y otra vez. Debemos tomar conciencia que cada minuto que estamos conversando algo que no tiene sentido o que no es necesario, solo estamos satisfaciendo nuestras necesidades de compartir, de hablar, de contar las cosas que se nos ocurre, son minutos que perdemos la posibilidad de conocer cuál es nuestra verdadera tarea. Debemos reflejar la imagen del Cristo Cósmico en la vida planetaria y para eso tenemos en el silencio una llave fundamental. Estando en silencio podemos escuchar de manera más clara a Dios.

Cuando una conciencia regente como Amaj, se manifiesta en el plano de superficie hacia las conciencias menores como somos nosotros, se produce desde el Universo una irradiación de luz que al llegar a las conciencias, se convierte en energía telúrica, es decir, que se convierte en una energía de alto voltaje que ingresando a nuestros cuerpos áuricos, realiza unas cuantas transformaciones. Por esto es importante estar quietos, solos y en silencio para poder acoplarnos con las conciencias cósmicas.

El Maestro Morya se formó bajo el uso adecuado de dos aspectos fundamentales: el conocimiento de los rayos y el conocimiento de la Ley, cosas que nosotros no conocemos. Creemos que encarnamos un solo rayo pero en realidad debemos saber cómo nuestro Ser los vive para manifestar los siete rayos en el planeta. Estamos realmente ajenos a esa realidad, como también al movimiento de las Leyes Cósmicas. Un curador como somos todos, tiene que formarse en el conocimiento de todos estos aspectos de la vida cósmica, para que realmente pueda comprender ese mundo interno que tiene que desplegar.

Para que un curador pueda manifestarse tiene que utilizar adecuadamente sus vehículos, respetando el ingreso a este plano más físico de los Hermanos Mayores, creando la condición para colaborar con ese ingreso y sumarse a los procesos de purificación, sin resistencia.

El rayo de la liberación va a actuar en cada uno de nosotros de acuerdo a la actividad que nuestro mundo interior alcance. Cuanto más silencio y actividad interior tengamos, el rayo podrá actuar en nosotros y nos liberara de las resistencias que ponemos a nuestra evolución.

Todo lo que tenga que ver con la energía de la liberación, llegará hacia nosotros, la cual viene desde la séptima dimensión pero se manifiesta en la cuarta. Por lo tanto, del cuerpo etérico hacia arriba van a quedar todos los cuerpos impregnamos y de esta manera mandarán el impulso al vehículo físico, el cual se transformará.

 


 






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