La Muerte Bajo Control 3ra Parte – Cuando El Alma Se Libera

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El alma tiene una idea muy clara del momento en que necesita desencarnar y si el individuo durante la encarnación buscase saber cuales son los planes y cual es la voluntad del alma, si dedicase más tiempo y más energía a esto, sentiría la aproximación de ese momento de transición y podría colaborar con ese proceso y podría mantener bajo control muchas etapas de esa transición que es llamada “muerte”.

Con el tiempo la humanidad va a ir aprendiendo esta técnica y al mismo tiempo se irá preparando para esto durante la encarnación y así, esa preparación podrá un día formar parte de la educación, de las conversaciones, de las lecturas, de los estudios de manera natural.

Se tiene que dar este primer paso, que es tener a la muerte como algo que forma parte de la vida. Es claro que el miedo a este proceso dificulta mucho la comprensión y el comportamiento que se debería tener delante de estos hechos de la muerte. La actitud del individuo como la de las personas que lo rodean es muy importante y es fundamental para estar familiarizados con este tema.

El alma después de pasar un período encarnada necesita desencarnar porque necesita reposar de la experiencia terrestre, hacer una síntesis de toda la experiencia y después necesita pasar un tiempo contemplando sus próximos pasos y visualizando aquello que es su futuro. Desencarnada el alma puede percibir una meta cada vez mayor y puede percibir cual es la tarea útil para un plan general de evolución, en el que ella pueda insertarse en una próxima encarnación. Cuando el alma tiene estas metas claras, mientras esta desencarnada y en contacto con los grupos de almas o con el grupo de almas al cual ella pertenece, después de tener más clara su próxima etapa, el alma pasa un periodo preparando su próxima encarnación. Cuando se comprende este proceso, se ve que esto es necesario y ya no hay tanta resistencia a esa transición y a ese necesario cambio de estado que el alma hace cuando desencarna.

Cuando el alma sale del cuerpo físico y abandona o desocupa el cuerpo etérico, la conciencia entra como en estado de sueño y luego es como si se despertase lentamente de esa especie de sueño y cuando se va despertando, se va entrando en contacto con aquellas zonas del cuerpo emocional, donde están las zonas más densas, donde están los sentimientos más groseros y terrenos y queda entonces en contacto con esos sentimientos y esa vibración. Ese período se va desarrollando y poco a poco va subiendo de nivel y va entrando en contacto con las cualidades superiores, con el lado más noble, más brillante, con el mejor lado de los sentimientos y de las emociones y enseguida va entrando en contacto con el mundo de las ideas, y dependiendo de como fueron esas ideas y los procesos mentales durante la vida, el individuo se encontrará en medio de ellos. Cuando se alcanza el nivel más alto de las ideas que se cultivan durante la vida, se entra en un período de reposo inconciente, como en un sueño sin sueños. Es allí cuando el alma se va a restaurar y todo el ser desencarnado va a reposar de las tareas y de los movimientos de la vida terrena que llegó al final de su ciclo.

Así como el principio del proceso de desencarnación, el alma abandonó el cuerpo físico y éste abandonó la red de energía del cuerpo etérico, a esta altura después de desencarnada de los cuerpos, el alma tendrá que abandonar aquello que se llama “cuerpo emocional” o “cuerpo astral” y si los sentimientos, las emociones y los apegos no fueron muy fuertes durante la encarnación terrestre y toda esa vida emocional fue correctamente trabajada, ese abandono del cuerpo astral va a ser muy sencilla y rápida, y se hace en menos tiempo que si el individuo sigue apegado a los deseos y los recuerdos terrestres. Si hubo mucho apego y mucho envolvimiento emocional con la vida terrestre, con cosas y personas, el alma permanece un período más largo en ese nivel emocional, en esa vibración que es el reflejo de todo lo que sucedió en la Tierra.

Es claro que el alma tiene como meta salir de allí. El alma tiene como meta también salir del cuerpo emocional. Mientras las personas que quedan aquí en la Tierra piensan en los desencarnados, forman un hilo telepático con estos individuos que ya están en otro plano y ese hilo telepático hace que ellos se sientan solicitados y así la conciencia del desencarnado es atraída por esta solicitud del que queda pensando aquí. Tiene más dificultad de retirarse del cuerpo astral y abandonar ese cuerpo que continúa en aquella dimensión, produciendo y reproduciendo los hechos de la encarnación terrestre.

Por eso, en este período en el que el individuo acabó de desencarnar del cuerpo físico y que se encuentra en esta fase de salir del cuerpo emocional allá en los otros niveles, es muy importante que no se busquen contactos con él y que se siga aquella ley que está en el Nuevo Testamento que dice: “dejen que los muertos acompañen a los muertos”. Esta es una ley que quién la conoce debería seguirla para el mayor bien de los muertos y para la libertad de esos Yo Superiores que tienen que desencarnar también de los cuerpos sutiles.

Si la gente no se ocupa ni se envuelve con quién desencarnó, ni siquiera con el pensamiento, eso hace que el abandono de los cuerpos sutiles y del emocional principalmente, sea más fácil en lugar de ser lento. En este punto existe una incomprensión por parte de muchas personas, porque la conciencia del individuo está haciendo lo posible para liberarse del cuerpo sutil. Aquí en la Tierra, aquellos que se dicen ser seres queridos o los conocidos que piensan en él u oran por él, le envían mensajes sintiendo falta de la presencia física y todo eso lleva a que ese vínculo sutil demore más tiempo para ser resuelto y el individuo en los otros planos tenga menos libertad para seguir su verdadero camino.

Este es un punto de reflexión muy importante en ese momento de transición para aquellos que quedan en estas dimensiones, para aquellos que asisten a sus conocidos o a sus colaboradores al partir a aquellos niveles. Entonces después que la conciencia abandona el cuerpo físico y el cuerpo etérico y logra también salir del cuerpo emocional, la conciencia hace lo mismo con el cuerpo mental y es solo cuando ella consigue abandonar este cuerpo, que está realmente desencarnada.

Ya totalmente desencarnada, la conciencia puede recogerse a si misma y comienza a contemplar su propio centro, que es de donde el alma extrae su propia energía, se restaura y puede tener bien claras las metas de su futuro en la Tierra.

El alma cuando está libre del control de la materia y sucede cuando está desencarnada de todos esos cuerpos, físico, etérico, emocional y mental, estando libre de esos lazos, está en contacto con su propia unidad, con toda la vida y todos los seres que ella percibe dentro de su propio centro. A partir de ese momento, el alma puede realizar una actividad que resulta muy misteriosa para el humano, que es su contacto con otras regiones de conciencia, con otros niveles donde el alma va a pasar períodos en su proceso de desarrollo, que es inconcebible en la Tierra.

Todo esto permite ver que el proceso de desencarnación no se limita a la salida del cuerpo físico o del etérico, ya que después de sepultado o de la cremación se produce en otros niveles de conciencia la continuación de ese proceso de desprendimiento que es cuando la conciencia abandona el emocional, luego el mental y finalmente se recoge en el centro de ella misma. Así como existe una organización y un orden, una planificación para cada encarnación en la Tierra y para todo aquello que el ser humano tiene que vivir (cuando el alma ya tiene una cierta evolución) y para todo aquello que el ser humano tiene que experimentar en aquella encarnación, también existe un orden y una organización en todos estos ciclos del alma luego de desencarnar.

De manera que es muy importante que poder percibir en vida cuándo esta llegando este momento para ir con la conciencia sintonizando en esta nueva fase de la vida.

Por lo tanto no existe muerte. Esta es una palabra inadecuada y a medida que las personas se vayan desarrollando, esta palabra no tendrá más aplicación.

Como existe esta organización antes y después de la transición, y luego de la transición el alma tiene que pasar por otros niveles, por otro proceso que está relacionado con otros procesos de otras almas, sería desaconsejado provocar la desencarnación, por ejemplo a través del suicidio, porque el suicidio sería una interferencia de la personalidad con un ritmo que está relacionado con otros ritmos. Si el individuo interrumpe su vida, no solo interrumpe esta sino que llega a otras dimensiones de vida antes del tiempo previsto, por esto no siempre puede ingresar en el ritmo que había sido preparado y dispuesto para él porque llegó antes. Es por esto, que en general un suicida permanece experimentando aquél acto o las sensaciones que tuvo en el momento del suicidio hasta que llegue la fecha en que él debería haber desencarnado y después comienza su proceso en otros niveles. Aunque siempre hay excepciones a esto, no se puede juzgar ningún caso.

En el caso de los suicidas, no se sabe cual fue su último pensamiento y es por esto que no se puede saber qué puede suceder después. El suicidio, de forma general, es una interferencia de la voluntad de la personalidad en un plano, en un ritmo mayor. El suicida cuando encarna, va a encontrar una situación vivencial más difícil que aquella que abandonó porque desorganizó una serie de procesos con esa interferencia y así su proceso kármico se torna mucho más dificultoso.

Otro hecho que es considerado una interferencia en este proceso ordenado de encarnaciones y desencarnaciones, son los llamados abortos, siempre hablando de abortos provocados y no a abortos naturales.

Un aborto natural puede ser una imposibilidad del ser que está encarnando de conseguir materializar la encarnación. Este ser puede no tener más vitalidad para conseguir una encarnación sobre la Tierra y cuando se da el aborto natural, es porque el ser tuvo esa intención, pero no lo consiguió. Muchos seres ya tienen en este momento su camino hacia otras orbitas planetarias o ya tienen su camino trazado hacia otros niveles de conciencia, pero ellos quieren pasar un período más largo en la Tierra, aunque no siempre lo consiguen. Como las experiencias sobre la Tierra ya estarían terminadas por un largo período y ellos deben tomar otra dirección, esa tentativa de nacer aquí casi siempre es frustrada.

Otra razón para que suceda un aborto natural puede ser una razón kármica del alma que está intentando la encarnación o de aquellos que la esperan. Si el individuo en vidas pasadas provocó abortos o mandó de vuelta a seres que estaban buscando la encarnación. Pueden pasar por la experiencia de ser abortados, pero esto es un equilibrio kármico que se produce para aquél que le gustaría encarnar y no puede porque en vidas pasadas hizo lo mismo con otro ser.

Cuando se provoca un aborto, es un acto de la personalidad de aquellos que están encarnados. Es un acto de interferencia en un proceso que se había organizado tal vez de otra manera. Los que hayan pasado por esta experiencia y luego del aborto hayan tomado conciencia de que esto es una interferencia, pueden equilibrarse y armonizarse nuevamente con este proceso. Cuando la persona toma conciencia y luego del aborto asume que es un acto que no volvería a cometer porque comprende el desequilibrio que esto acarrea, entra en un estado en el que tiene que restaurar esta situación. En estos casos no se trata de quedarse pensando en lo que sucedió ni de sentirse culpable por haber provocado un aborto recientemente, sino que se trata de realizar una acción opuesta a aquella. Por ejemplo se puede ayudar a alguien a vivir o ayudar a alguien a venir a la encarnación, aunque sea ayudando al otro. En fin, tomar conciencia de qué tipo de acto se llevó a cabo para obrar de manera contraria para que aquel acto quede equilibrado, actos de amor a la vida, actos en beneficio de la vida propia o de otros. Todo esto hace que el aborto provocado anteriormente vaya equilibrándose.

Reflexionando sobre esto, se puede ver que en los casos en los que el embarazo fue involuntario o en los casos en los cuales el individuo rechaza totalmente aquel ser que está encarnando, se puede consentir a ayudar a esa encarnación y si después de la encarnación continua el rechazo, se puede “donar” a este individuo a alguien que quiera o esté interesado en adoptar un ser, no siendo necesario matarlo. Pero en todos los casos, tanto en los de adopción legal como en el caso de la donación de seres con los cuales ya se sabe previamente que no se va a convivir, deberían ser regulados a través de consultas al Yo Interno y no debería hacerse en forma ligera o superficialmente solo a través de decisiones de la personalidad.

Otra pregunta que muchas personas suelen presentar es respecto a la eutanasia. En el actual estado evolutivo de la humanidad es un estado en el cual todavía no se tiene mucha conciencia de la voluntad del Yo Superior. Difícilmente se puede saber si el Yo Superior ya está orientado hacia la vida en otras dimensiones y si el individuo está viviendo aquí por reflejos mecánicos o por un mecanismo puramente físico. Los médicos no tienen aún una vida meditativa, entonces hoy la eutanasia sería una interferencia, ya que hoy todavía no se tienen las condiciones para interrumpir ese proceso de desencarnación y que facilite la salida del Yo Superior, porque no se conoce la voluntad de este Ser Supremo.

Si se conociera esa voluntad y se supiera que sería una ayuda a la voluntad superior que está decididamente intentando la desencarnación y está encontrando alguna dificultad o si se pudiera percibir que ese Yo Superior está fuera del cuerpo porque ya culminó con su proceso pero que allí hay resistencia o un proceso mecánico del elemental físico, entonces podría ser correcta la eutanasia.

Mas en el futuro cuando los individuos comprometidos en ese proceso meditasen y supiesen cual es el verdadero proceso del Yo Superior, esto podría facilitar y abreviar el sufrimiento del individuo físico. Ese sufrimiento físico puede ser mitigado por todos los medios posibles pero no es posible cortar la existencia del individuo en esta Tierra. Del mismo modo, sería una interferencia detener en el plano físico a quién está desencarnando, es decir, mantener funcionando artificialmente a un cuerpo físico, porque eso significaría una acción contraria al movimiento natural e interno del Yo espiritual, que sería el de desencarnar en aquel momento.

Dentro de este texto se puede hacer referencia también a la donación de órganos, aquella que se realiza después de la desencarnación del individuo. Donar los órganos o recibir una donación de órganos es una cuestión estrictamente individual y solo se puede hablar de ello en forma genérica. Cada individuo debe saber dentro de sí, si debe donar o recibir un órgano donado de quién haya desencarnado.

Cuando el Yo Superior encarna, lleva muchos años para adaptarse al cuerpo físico que fue organizado para él. Entonces cuando hacemos un transplante de un órgano físico, cuando se introduce un órgano de otro cuerpo al cuerpo del individuo, el Yo espiritual tiene que rehacer ese proceso de adaptación. En los casos en que hubiese una interferencia, en los casos en los que el transplante no debiera haberse realizado, entonces el Yo espiritual rechaza este órgano.

Cuando la medicina llegue a otra etapa de su desarrollo y sea más intuitiva de lo que es hoy, estos temas no serán motivo de conflicto ni de dudas. Uno de los cambios que más facilita esta transición llamada muerte, es que los actos y la forma egoísta de vivir en función del ego humano se orienten hacia una actitud y una vida de carácter más altruista y que contemple el bien del mayor número posible de seres, incluso de otros reinos de la naturaleza.

Durante toda la encarnación, cuando el ser humano siente, piensa y actúa en función de su propio bien y de su proceso evolutivo, estará cada vez más identificado con esos cuerpos y esas dimensiones que abandonará durante el proceso de transición. Cada vez que el ser humano sienta, piense y actúe en función del beneficio de los grupos de la humanidad como un todo, equivale a no identificarse con el lado material y eso influirá en los momentos finales de la encarnación. El ser puede reflexionar acerca de si espera algo a cambio cuando hace algo por el otro. Si está siendo egoísta o si está siendo altruista, si está dejando libre a los demás para que decidan y resuelvan sus asuntos o si está manipulando asuntos ajenos, si está controlando a las personas o si está determinando hechos negativos en la vida de otros.

Estas reflexiones ayudan a que el ser se vaya elevando física y etéricamente, y esto hace que el desprendimiento en los momentos de transición al final de la encarnación sea más simple. Estando la energía del individuo polarizada en las partes superiores del cuerpo, el desprendimiento físico y etérico es simple. Estando todos los sentimientos humanos dirigidos hacia el altruismo, el desprendimiento del cuerpo emocional luego de la desencarnación física, también es simple, y estando la conciencia polarizada en el servicio altruista, la voluntad mental dirigida a dejar a todos los seres libres torna muy simple la salida del cuerpo mental y así este proceso de desencarnación sucede sin dificultades.







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