El Acto de Morir – 1ra Parte – Introduccion Al Acto De Morir

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


-Descargue el audio de esta Lectura 

En esta vida, el ser humano se prepara para muchas cosas: va a la escuela, estudia por cuenta propia, se prepara para distintas eventualidades, se forma, aprende técnicas ¿Y por qué no se prepara también para la muerte? Incluso se prepara para cosas que ni siquiera van a suceder. Aprende tantas cosas que no va a necesitar. Y mientras tanto no recuerda ese hecho inevitable que tarde o temprano nos va a ocurrir a todos y del cual nadie escapa, que es el proceso de transición, el pasaje a otra dimensión de vida que aquí es llamado muerte.

Se aborda este tema como una ayuda para prepararse, esto va a suceder un día y puede ocurrir de una manera no solo serena sino también inteligente. Dentro de algún tiempo no se verá a la muerte como es vista actualmente ya que hoy se la ve como una partida, una separación, algo desagradable y tanto es así que muchas personas luchan contra la muerte. No quieren morir, ni quieren pensar en ese hecho. Es un tema que para ciertas personas es tabú.

Entretanto está previsto como parte del desenvolvimiento de la humanidad que los individuos tengan un día, que no está muy distante, aquello que se llama continuidad de conciencia. Es decir, van a poder estar en esta dimensión física, emocional y mental donde viven conscientemente y al mismo tiempo estar lúcidos y conscientes en otras dimensiones de vida.

Así va a existir en el futuro, un intercambio, entre la dimensión física y las otras dimensiones de vida. Y cuando se produzca, cuando el hombre pueda con la conciencia pasar de una dimensión a otra, a partir de ahí el miedo a la muerte va a desaparecer.

Se puede afirmar en principio que la palabra muerte, es inadecuada, ya que nada muere ni nada se termina y hasta hay una ley por la cual todas las cosas se transforman pero no acaban. Lo que sucede es un cambio de dimensión. Incluso el cuerpo físico que queda en esta dimensión se desintegra y sus partículas, sus átomos, sus células, no van a desaparecer sino que van a cambiar de estado y se van a transformar en otro material. Mientras el cuerpo físico se va transformando a través de la descomposición o a través de la cremación, la conciencia del individuo con sus cuerpos sutiles va cambiando sucesivamente de dimensiones.

En el futuro a través del propio globo ocular físico, se verá el cuerpo etérico del individuo desprendiéndose del físico y a través del desarrollo de la visión interna se podrá ver en la dimensión astral y en otras dimensiones también, hacia donde los cuerpos del hombre y la conciencia se van trasladando. Finalmente a medida que los seres humanos vayan tomando contacto con la propia alma o Yo Superior, verán que este contacto también se realiza y prepara a través de la ciencia de la meditación. A través de ella podemos sentir o percibir en cualquier momento la presencia de cualquier ser, tanto uno encarnado como uno desencarnado, una presencia interna o un hecho interior.

Por tanto, no se dependerá más de la presencia física de nadie y no se dependerá de los ojos para ver el cuerpo físico o para ver el cuerpo etérico; ni tampoco se va a necesitar más de esta visión interna, que viene del astral o del mental o de otras dimensiones, porque de alma a alma los seres estarán siempre juntos y muy conscientes. Esta unión entre los seres, sean encarnados o desencarnados, es un hecho real, solo que el hombre no lo percibe porque vive muy exteriorizado e identificado con la dimensión física. Y como el humano vive muy identificado solo con eso, como no está suficientemente interesado en la parte interna de las cosas, entonces tiene dificultad para percibir internamente la presencia del otro, hecho que colma mucho más que la realidad física.

El tema de la muerte está casi siempre relacionado con el miedo. Existen algunas razones muy precisas por las que los individuos tienen miedo a desencarnar. El primer motivo que se conoce es que los individuos pueden haber tenido experiencias desagradables o difíciles en encarnaciones anteriores en el momento en que desencarnaron. Ellos pueden haber desencarnado en vidas pasadas a través de procesos dolorosos y esto es guardado en el subconsciente. Y aunque conscientemente no recuerde lo que pasó, del subconsciente emergen esas viejas impresiones de lo que sucedió. Pero cuando alguien en vidas pasadas desencarnó de manera suave, de manera simple y fácil, esos individuos generalmente tienen menos recelo que otros a pasar por ese proceso.

Otra causa del miedo de las personas respecto a este tema, es aquel terror que la mayoría tiene a lo desconocido, a lo misterioso.

Hay personas que tienen esta experiencia prematuramente mucho antes de que llegue el momento de su verdadero pasaje para otra dimensión. Ellos entonces van siendo entrenados de una manera especial, son aquellos que durante el sueño o mediante una meditación o durante cualquier experiencia circunstancial, pueden pasar por hechos que estaban incluidos en el proceso de la muerte. Estos individuos experimentan eso en determinado momento de su vida y cuando vuelven a su conciencia normal ya están preparados para pasar a otras dimensiones.

Otro punto que lleva a las personas a tener miedo es la duda con respecto a la propia inmortalidad. Como no se tiene certeza de que el ser humano sea inmortal, por instinto de preservación y de conservación las personas no quieren desencarnar, porque no tienen certeza que continuaran después de desencarnadas.

Existe además otra razón humana para que el miedo a la muerte exista. Algunas personas creen que si ellas desencarnaran, los que permanecen en la Tierra van a sentir mucho la falta o van a necesitarlas. Hay otros que incluso piensan que no pueden desencarnar porque son imprescindibles. Mientras las personas sufren este tipo de ilusión, el miedo las retiene. El apego a la vida material, a las cosas de la Tierra, el apego a la vida humana, a la personalidad, la búsqueda del confort y la lucha por los bienes materiales, va colocando la mente del individuo en cosas densas y le provoca dificultad para aceptar la idea de que existen otras dimensiones de vida.

La psicología cita también, como una de las razones responsables por el miedo tan generalizado a la muerte, a toda la enseñanza religiosa ya que hablaron de la existencia del infierno. Esa enseñanza durante muchos siglos fue difundida con persistencia, de manera que esa idea del sufrimiento eterno en el llamado infierno es una cosa arraigada en casi todos los seres humanos. En otras palabras, es una especie de descripción de lo que pasa en los niveles del bajo astral, una dimensión de la vida en la cual el ser humano entra luego de desencarnar del cuerpo físico. Cuando durante la encarnación se tienen elementos de odio, de rencor, de ira, de egoísmo, de resentimiento, de posesividad, todo esto va conduciendo a los niveles más bajos de la dimensión astral, que es donde esas fuerzas tienen su campo de acción. Ahí es donde van a encontrar lo que se llama “dimensiones infernales”, creadas por la propia vibración de nuestros pensamientos o de nuestros sentimientos.

El hombre va hacia el nivel por el cual es atraído, el que corresponde a sus sentimientos internos, a su propio estado de conciencia. Por lo tanto, si se trabajan sentimientos puros durante la vida, no hay ninguna razón para tener miedo al bajo astral, comúnmente llamado “infierno”.

El ser humano desencarna cuando termina la tarea a la cual el alma se dispuso a cumplir en la Tierra, no se va antes de tiempo y raras veces se desencarna después. Aunque esto suceda, no es normal. En general cuando se termina la tarea propuesta para una encarnación, el alma no tiene más razón para permanecer aquí. Todo está, en gran parte, predeterminado antes de que el alma encarne y también puede estar ligada a las necesidades de un grupo de personas con las cuales se va a relacionar durante aquella vida.

El alma se encuentra en la cuarta dimensión que es el nivel donde tiene plena conciencia. Allí evoluciona y ve nuevas metas y no siempre puede enviar esta visión a la personalidad o no siempre se está preparado para recibirla y para estar consciente de todo esto que está viendo. A una determinada altura, ciertas personalidades hasta pueden volverse inadecuadas para aquello que el alma podría vivir en la Tierra. Cuando por falta de una ampliación o de adecuación, la personalidad no logra acompañar la evolución del alma, puede desencarnar porque necesita construir otra personalidad más adecuada, más actualizada para actuar a través de ella.

Otro motivo para desencarnar es cuando la personalidad con sus comportamientos y con su actitud comienza a comprometer una futura encarnación del alma y crea un karma. Cuando el alma va a encarnar se ve un tanto prisionera y tiene que adaptarse a las limitaciones y condiciones dadas por ese karma creado por una personalidad en una vida anterior. Cuando se comienza a crear un karma excesivamente limitante negativo, entonces el alma puede decidir desencarnar.

Lo que pasa en ese período en que se está desencarnado, es hasta cierto punto, semejante a lo que sucede durante el sueño, solo que durante este, el “hilo magnético” o la corriente de energía (que mantiene la conciencia ligada al cuerpo o a los cuerpos) no se rompe. En cambio, durante el proceso de la muerte ese hilo se rompe y la conciencia no tiene la posibilidad de volver al cuerpo.

Dos tipos de muerte que, en general son muy temidas por las personas, son las muertes violentas y aquellas que ocurren por cáncer. Aquellos que desencarnan en una muerte violenta, muchas veces no perciben lo que está sucediendo. El ser tiene un sentimiento instantáneo de un peligro inminente, una impresión de destrucción pero eso es muy rápido y el proceso se asemeja a un shock eléctrico y a partir de allí ya se encuentra en otro plano fuera del cuerpo. Muchas veces esto es tan rápido que sale del cuerpo y fuera de este observa lo que está sucediendo en el plano físico.

Esta experiencia equilibra muchas violencias que se cometieron en vidas anteriores o en la misma encarnación de la cual se está desencarnando. Al practicar este tipo de energía durante todo el pasado, toda esta violencia se irradia hacia el universo. Una parte es trabajada por el universo, que la asimila y la resuelve. Sin embargo, existe una parte que emitimos contra el mismo universo que no puede ser resuelta por él. Entonces es restituida al individuo para que él mismo se encargue de transmutarla. Es por eso que no siempre se tiene el retorno de un acto violento de la misma especie que aquel acto que se practicó en el pasado. Hay veces que las cosas que se emiten hacia el universo no vuelven inmediatamente, depende del tiempo que el universo ocupa para recibirlas, trabajarlas, asimilarlas, adaptarlas y después devolverlas y esto también está relacionado a muchos ciclos universales.

El segundo ciclo de desencarnación que las personas temen es la muerte proveniente del cáncer, que es una enfermedad planetaria. La concentración de la maldad humana vivida y practicada por la humanidad en todos los tiempos se transformó en esta enfermedad. Cuando un individuo pasa por la experiencia de esa enfermedad, no solo equilibra su propia maldad individual y personal sino que también equilibra parte de la maldad general. Además esta enfermedad libera toda la luz que existe en el centro de cada átomo del individuo físico e incluso la luz de la contraparte sutil de esos átomos que existen en otros niveles de conciencia.

Si el humano tuviese la clara comprensión de lo que ocurre durante ese proceso, podría sentir y hasta percibir durante el proceso toda la luz en sus átomos, toda la luz en su cuerpo liberándose. Cuando se tiene la posibilidad de convivir inteligentemente con esta enfermedad o de comprender todo aquello que está pasando en cada célula, el humano va a ver que una gran parte del dolor físico, del dolor moral se va a resolver de alguna otra forma. Va a ver que dentro de ese proceso existe un aprendizaje profundo y una oportunidad de desarrollo.

Cuando el individuo cambia su actitud y comienza a vivir y a practicar actos opuestos a los de maldad o de egoísmo, logra atenuar aquel proceso.

A medida que se va trabajando el desapego y se trata de no involucrarse con las cosas materiales, la desencarnación se toma con tranquilidad y como algo natural.

 






Slider by webdesign