81- No Te Metas En Mi Vida

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Recuerdo una ocasión, hace muy poco tiempo, en la que un adolescente que no superaba los 18 años le gritó a su padre: «NO TE METAS EN MI VIDA». Esta Frase llegó hasta lo más profundo de mi ser y surgió en mi la siguiente pregunta: «¿QUE CONTESTARIA A ESA PREGUNTA INQUISITIVA, SI ESTUVIESE EN EL LUGAR DE ESE PADRE?» Y esta podría ser mi respuesta: Hijo, un momento, no soy yo el que me meto en tu vida, sino todo lo contrario.

Tú fuiste el que se metió en la mía. Hace muchos años y gracias a Dios y por el amor que mamá y yo nos tenemos, llegaste a nuestras vidas y ocupaste todo nuestro tiempo aún antes de nacer. Mamá se sentía mal, no podía comer, todo lo que comía lo devolvía y tenía que guardar reposo. Yo tuve que repartirme entre las tareas de mi trabajo y las de la casa para ayudarla. Los últimos meses antes de que llegaras a casa mamá no dormía y no me dejaba dormir. Los gastos aumentaron increíblemente, tanto que gran parte de lo nuestro se gastaba en ti, en un buen médico que atendiera a mamá, y la ayudara a llevar un embarazo saludable.

En medicamentos, en la maternidad, en comprarte todo un guardarropa. Mamá no veía algo de bebe que no lo quisiera para ti. Una cuna, un moisés. Todo lo que se pudiera con tal de que tú estuvieras y tuvieras lo mejor posible. «¿NO TE METAS EN MI VIDA?»

Llego el día en que naciste. Hay que comprar algo para darle de recuerdo a los que te vinieran a conocer, dijo mamá, y hay que adaptar un cuarto para el bebe. Desde la primera noche, no dormimos. Cada 3 horas, como si fueras una alarma de reloj, nos despertabas para que te diéramos de comer. Otras, te sentías mal, y llorabas, y llorabas sin que nosotros supiéramos que hacer pues no sabíamos que te sucedía, y hasta llorábamos contigo. «¿NO TE METAS EN MI VIDA?» Empezaste a caminar. ¿Yo no sé cuando tuve que estar más detrás de ti si cuando empezaste a caminar o cuando creíste que ya sabías? Yo no podía sentarme tranquilo a leer el diario o a ver el partido de mi equipo favorito porque cuando me acordaba, te perdías de mi vista y tenía que salir detrás de ti para evitar que te lastimaras. «¿NO TE METAS EN MI VIDA?»

Todavía recuerdo el primer día de clases, cuando tuve que llamar al trabajo y decir que no podía ir ya que tú en la puerta del colegio, no querías soltarme y entrar. Llorabas y me pedías que no me fuera. Tuve que entrar contigo a la escuela y pedirle a la maestra que me dejara estar un rato junto a tu lado, ese día en el salón, para que fueras tomando confianza. A las pocas semanas, no solo ya no pedías que no me fuera, sino que hasta te olvidabas de despedirte cuando bajabas del auto corriendo para encontrarte con tus amiguitos. «¿NO TE METAS EN MI VIDA?»

Seguiste creciendo y ya no querías que te lleváramos a las reuniones. Nos pedías que una calle antes te dejáramos y pasáramos por ti una calle después porque ya eras cool y no querías llegar temprano a casa. Te molestaba que te marcásemos reglas. No podíamos hacer comentarios acerca de tus amigos sin que te volvieras contra nosotros, como si los conocieras a ellos de toda la vida y nosotros fuéramos unos perfectos desconocidos para ti. «¿NO TE METAS EN MI VIDA?» Cada vez, sé menos de ti por ti mismo. Sé más por lo que oigo de los demás. Ya casi, no quieres hablar conmigo. Dices que nada más te estoy regañando, y todo lo que yo hago está mal o es razón para que te burles de mí. Pregunto: «CON ESOS DEFECTOS TE HE PODIDO DAR LO QUE HASTA AHORA TIENES» Mamá, se la pasa en vela y de pasada no me deja dormir a mí diciéndome que no has llegado y que es de madrugada, que tu teléfono está desconectado, que ya son las 5 y no has llegado. Hasta que por fin podemos dormir cuando entras a la casa. «¿NO TE METAS EN MI VIDA?» Ya casi no hablamos, no me cuentas tus cosas. Te aburre hablar con viejos que no entienden el mundo de hoy.

Ahora me buscas cuando hay que pagar algo o necesitas dinero para la universidad, o salir, o peor aún te busco yo cuando tengo que llamarte la atención. «¿NO TE METAS EN MI VIDA?» Pero estoy seguro, que antes las palabras: NO TE METAS EN MI VIDA, podemos responder junto a tu madre: «HIJO, YO NO ME METO EN TU VIDA, TU TE HAS METIDO EN LA MIA y te aseguro que desde el primer día hasta el día de hoy, no me arrepiento que te hayas metido en ella y la hayas cambiado para siempre. Mientras estés vivo, me meteré en tu vida así como tú te metiste en la mía, para ayudarte, para formarte, para amarte y para hacer de ti un hombre de bien. Sólo los padres que saben meterse en la vida de sus hijos, logran hacer de estos, hombres y mujeres que triunfen en la vida y sean capaces de amar. Papás, muchas gracias por meterse en la vida de sus hijos. Ah! Más bien corrijo, por haber dejado que sus hijos se metan en sus vidas. Y para ustedes, hijos, valoren a sus padres, no son perfectos, pero los aman y lo único que desean es que ustedes sean capaces de salir adelante en la vida y triunfar como hombres de bien.» La Vida da muchas vueltas, y en menos de lo que ustedes se imaginan, alguien te dirá: «NO TE METAS EN MI VIDA» La paternidad no es un capricho o un accidente, es un don de Dios que nace del amor. Que Dios bendiga a todos los hijos de este mundo, ilumine el corazón y la mente de todos los seres humanos, especialmente de los jóvenes y niños que son la esperanza de la NUEVA ERA.







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