18- Caminando Hacia Nuestra Libertad

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No debemos preocuparnos de nuestras preocupaciones. Simplemente seamos nosotros mismos, estemos serenos sin convertir «nuestro estar serenos» en una tarea a realizar obligatoriamente. No nos inquietemos con respecto al estar serenos, no seamos desgraciados con respecto a ser felices. Sólo debemos ser concientes de que NOSOTROS SOMOS y mantener latente esa conciencia. No digamos: «¿Y ahora qué?» Pues en el estado del ser nosotros mismos no existe el «¿Y ahora qué?» Ese estado puro de SER NOSOTROS MISMOS está más allá del tiempo, lugar o circunstancia en la que nos encontremos. Nosotros somos intemporalmente y debemos conocer nuestra valía, confiar en ella y expresarla viviendo en la verdad, en la humildad, en el amor, en la paz y sacrificando nuestros deseos egoístas y miedos en cada día que nos toca estar en este bendito planeta.

Si bien estos simples secretos quisieron ser compartidos por muchísimas personas, hubo muy pocas personas interesadas en hacerlos carne propia. Maestros, hay muchos; discípulos valientes, muy pocos. Muchos están deseosos de aprender, pero aprender palabras no es suficiente. Podemos conocer la teoría, pero sin la experiencia real de nosotros mismos como el centro de nuestro Ser, del amor y la bienaventuranza impersonal –el reconocimiento de que todo lo bueno está dentro nuestro, que todo comienza en nosotros, que somos creadores de nuestro propio mundo y co-creadores con Dios y que la felicidad ya está en y con nosotros- el mero reconocimiento verbal es inútil e infructuoso. Lo único que debemos intentar es SER, sólo SER NOSOTROS MISMOS. La palabra más importante es intentar. Dediquemos el tiempo suficiente cada día, para sentarnos en calma e intentar ir más allá de nuestra propia personalidad con sus aflicciones y obsesiones –deseos egoístas, supuestas necesidades, supuestas preocupaciones, que son productos de nuestra mente atolondrada que mientras nos impone su ritmo frenético, nos hace perder la armonía y la paz interior desenfocándonos de lo que es verdaderamente importante en nuestras vidas, dominándonos, tiranizándonos y haciéndonos perder el verdadero sentido de nuestras vidas- ser consientes de SER, no como una afirmación verbal, sino como un hecho siempre presente. La conciencia de que nosotros somos, nos abrirá los ojos a lo que verdaderamente y realmente somos: «AMOR PURO, SABIDURIA Y VERDAD.» Antes que nada establezcamos un contacto permanente con nosotros mismos y comencemos observándonos a nosotros mismos hasta crecer y convertirnos en CENTROS DE AMOR EN ACCION. El mal es la sombra de la inatención. A la luz de la conciencia de nosotros mismos, el mal se disipará y desaparecerá. Toda dependencia de otro es inútil e innecesaria, puesto que lo que otros pueden dar, otros se lo llevarán. Sólo lo que es nuestro al principio, será nuestro al final.

No aceptemos ninguna guía excepto la que viene desde nuestro interior. Incluso, apartemos todos nuestros recuerdos y todo nuestro pasado puesto que nos pueden hacer extraviar. Aunque desconozcamos el camino y los medios, podemos quedarnos en paz y mirar nuestro interior ya que la guía, llegará con toda seguridad. Jamás nos quedaremos sin saber cuál es nuestro próximo paso. El problema es que podamos eludirlo. Los Guías y los Maestros aparecerán, pero sólo aquello que descubramos a través de nuestra propia conciencia y nuestro propio esfuerzo, nos será de permanente utilidad. Recordemos que nada de lo percibimos nos pertenece. Sólo lo que procede de nuestro corazón, en donde se encuentra lo más profundo de nuestro ser y nuestro sentimiento y comprensión basado en el más puro amor, son relevantes y reveladores. Las palabras oídas o leídas sólo crean imágenes en nuestra mente, pero nosotros no somos una imagen mental. Somos el poder de percibir, comprender y accionar detrás y más allá de toda imagen mental. El amor es siempre impersonal, de ahí que no hace distinción de ninguna clase convirtiéndose en un dar desinteresadamente a los demás, sirviendo en humildad y alegría a todos y a todo. De aquí se desprende que el que vive en el amor, comprende en lo más profundo de su ser, que nada ni nadie está separado de él mismo.

El que vive en el amor sabe que él es uno con el TODO, que él es UNO con el UNIVERSO, lo que incluye a todas las formas de vida, animal, vegetal, mineral y humana. Nuestro interés por los demás, en la mayoría de las veces, egoísta y orientado hacia nosotros mismos –ya que en vez de estar interesados en los demás como personas, sólo lo estamos en la medida en que ellos enriquecen o ennoblecen nuestra propia imagen- nos transporta a vivir en nuestro mayor egoísmo que se encuentra en la preocupación de vivir por la protección, conservación y multiplicación de nuestro propio cuerpo. Por cuerpo, nos referimos a todo lo relacionado con nuestro nombre, nuestra forma y nuestro mundo –posesiones, familia, amigos, país, etc.

Egoísmo es estar apegado a la forma y el nombre de uno. Quién sabe que no es ni el cuerpo, ni la forma, ni la mente, ni el nombre, ni sus títulos, ni sus posesiones, ni la opinión que los demás tienen de él mismo. El que comprende que el cuerpo físico es sólo un vehículo o vestidura de nuestro verdadero ser –que se encuentra en lo más profundo de nuestro corazón y que es puro amor, sabiduría y perfección- para poder cumplir con nuestra misión en esta Tierra –que es la de esparcir a todo nuestro alrededor ese amor y esa luz que ya existen en nuestro interior- no puede ser egoísta, puesto que no tiene nada por lo que ser egoísta.

Sólo podrá ser egoísta en nombre de TODOS cuando viva por el bienestar de todos, comprendiendo que el bienestar es su propio bienestar.

Ser egoísta significa codiciar, adquirir y acumular en nombre de la parte –UNO MISMO- y en contra del TODO –TODA FORMA DE VIDA EXISTENTE.- El amor no es selectivo, el deseo es selectivo. En el amor no hay extraños. Cuando ya no existe el centro del egoísmo en nosotros, todo deseo de placer y todo miedo al dolor cesan. Uno ya no se interesa en la propia felicidad ya que la felicidad existe dentro nuestro al comprender que más allá de la felicidad personal está la intensidad pura y la energía inagotable que es ese amor puro dentro nuestro que nos hace SER NOSOTROS MISMOS, ser amor en acción, es decir Dios en acción ya que El está dentro nuestro. –Dios = Amor. Por lo tanto si Dios está en TODO y en TODOS también está dentro nuestro por lo que al vivir en el amor permitimos que la molécula de Dios que existe en nosotros se manifieste en nuestro mundo brindándonos la mayor felicidad y libertad absoluta.- Lo real está detrás de las palabras y más allá de las palabras, es incomunicable, se experimenta directamente y su efecto sobre la mente e explosivo –de ahí que las palabras jamás expresan fehacientemente la realidad verdadera.- ¿Qué es la religión? Meros montones de palabrería, una nube en el cielo. Nosotros vivimos en el cielo, no en las nubes, que no son otra cosa que un montón de palabras juntas. Si eliminamos la verborrea, queda la verdad. Es decir que las verdaderas creencias de un hombre se manifiestan a través de sus acciones. Puede ser que muchos hombres tengan creencias, pero no actúan de acuerdo a ellas. Juegan con ellas sintiéndose muy orgullosos de ellas pero sin actuar de acuerdo a ellas y la verdad es que: «LO QUE HACES HABLA TAN FUERTE QUE NO LE DEJA ESCUCHAR A LOS DEMAS LO QUE LES DICES.»






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